Antonio José de Sucre
El Gran Mariscal Sucre (Ilustración: Mariana González, 2023)

Las arengas con las que Sucre animó a la tropa a vencer en Ayacucho

Fue en la Batalla de Ayacucho la consagración definitiva del Mariscal Sucre como uno de los libertadores sudamericanos, ven para saber cómo animaba a la tropa: 

Ayacucho, la gloria de Sucre

El 9 de diciembre de 1824 se libró en Perú la Batalla de Ayacucho, evento clave en la independencia sudamericana. Al frente de las tropas independentistas estaba, quien luego fuese reconocido como Gran Mariscal de Ayacucho, el cumanés Antonio José de Sucre.

Había sido un proceso complejo y turbulento en el que se fueron creando las condiciones para la derrota definitiva del imperio español en la América de Sur. En la Colombia de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, había contradicciones de caudillos que querían más que la libertad, la conservación de sus intereses particulares.

En el Perú, la Independencia se consolida a pesar también, de muchos sectores que conspiraban para evitar la construcción de Repúblicas. Sucre no sólo se impuso a un contexto político, tal vez, adverso, sino también en el plano militar. 

Inflar de moral al equipo

Como hoy en día, Ayacucho estaba ubicada en las estribaciones de la cordillera andina peruana. Una plaza clave para dar el golpe definitivo a la dominación colonial. A sus cercanías arribó el Mariscal Sucre el 6 de diciembre de 1824.

Atravesar el relieve de la región por donde se condujo la Campaña de Ayacucho era de por sí, una hazaña, escarpados y empinados caminos de los Andes, algunos sitios hasta hoy permanecen como bastante inaccesibles o dificultosos para el recorrido humano.

 

No hay dudas, que se necesitaba valor y convencimiento en los objetivos que se buscaban. 

Las arengas del Mariscal Sucre

En el libro De Mi Propia Mano, de la Biblioteca Ayacucho, encontramos las arengas específicas que Sucre brindó a los 11 batallones que conformaban la tropa para el combate.

¡Batallón No 2!

¡Me acompañasteis en Quito; vencisteis en Pichincha, y disteis libertad a

Colombia: hoy me acompañáis en Ayacucho; también venceréis y daréis

libertad al Perú asegurando para siempre la independencia de américa!

¡Legión peruana!

¡Si fuisteis desgraciada en Torata y Moquegua, salisteis con gloria y

probasteis al enemigo vuestro valor y disciplina; hoy triunfaréis y habréis

dado libertad a vuestra patria y a la América!

¡Compatriotas llaneros!

¡Estoy viendo las lanzas del Diamante de apure, las de Mucuritas,

Queseras del Medio y Calabozo, las del Pantano de Vargas y Boyacá,

 las de Carabobo, las de Ibarra y Junín! ¿Qué podré temer? ¿Quién supo nunca

resistirles? Desde Junín ya sabéis que allí (en el cerro en frente, donde

estaban los españoles) no hay jinetes, que allí no hay hombres para vosotros,

sino unos mil o dos mil soberbios caballos con que pronto remudaréis los

vuestros. Sonó la hora de ir a tomarlos. obedientes a vuestros jefes caed

sobre esas columnas y deshacedlas como centellas del cielo. ¡lanza al que

ose afrentaros! ¡corazón de amigos y hermanos para los rendidos! ¡Viva

el llanero invencible! ¡Viva la libertad!

¡Heroico “Bogotá”!

Vuestro nombre tiene que llevaros siempre a la cabeza de la redentora

Colombia; el Perú no ignora que Nariño y Ricaurte son soldados vuestros;

y hoy no sólo el Perú, sino toda la américa os contempla y espera milagros de vosotros. esas son las bayonetas de los irresistibles Cazadores de

Vanguardia de la epopeya clásica de Boyacá. Esa es la bandera de Bomboná,

la que el español recogió de entre centenares de cadáveres para devolvérosla

asombrado de vuestro heroísmo. la tiranía (señalando el campo español)

no tiene derecho a estar más alta que vosotros. Pronto ocuparéis su puesto

al grito de ¡Viva Bogotá! ¡Viva la América redimida!

¡“Caracas”!

Guirnalda de reliquias beneméritas (de otros cuerpos que forman

ese) que recordáis tantas victorias cuantas cicatrices adornan el pecho de

vuestros veteranos. ayer asombrasteis al remoto atlántico en Maracaibo y

Coro; hoy los Andes del Perú se humillarán a vuestra intrepidez. Vuestro

nombre os manda a todos ser héroes. Es el de la patria del Libertador, el

de la ciudad sagrada que marcha con él al frente de la américa. ¡Viva el

Libertador! ¡Viva la cuna de la libertad!

¡“Rifles”!

Nadie más afortunado que vosotros donde vosotros estáis, ya está

presente la victoria. acudisteis a Boyacá, y quedó libre la Nueva Granada;

concurristeis a Carabobo y Venezuela quedó libre también; firmes en

Corpahuaico, fuisteis vosotros solos el escudo de diamante de todo el

ejército libertador; y todavía no satisfecha vuestra ambición de gloria,

estáis en Ayacucho, y pronto me ayudaréis a gritar: ¡Viva el Perú libre!

¡Viva la América independiente!

Al Voltígeros

¡Voltígeros!… harto sabe el Perú que nadie aborrece tanto como vosotros al despotismo, y que nadie tiene tanto qué cobrarle. No contento con

hacernos esclavos a todos, quiso hacer de vosotros nuestros verdugos, los

verdugos de la patria y de la libertad. Pero él mismo honró vuestro valor con

el nombre de Numancia, el más heroico que España ha conocido, porque

quizás no encontró peninsulares que pudieran honrarlo más que vosotros.

he aquí el día de vuestra noble venganza… cinco años de sonrojo, cinco

años de ira, estallarán hoy contra ellos en vuestros corazones y en vuestros

fusiles. Sucumba el despotismo. ¡Viva la libertad!

Al Pichincha

ilustre Pichincha… esta tarde podréis llamaros Ayacucho… Quito os

debe su libertad y vuestro general su gloria. los tiranos del Perú no creen

nada de cuanto hicimos, y están riéndose de nosotros. Pronto los haremos

creer, echándoles encima el peso del Pichincha, del Chimborazo y del

Cotopaxi, de toda esa cordillera, testigo de vuestro valor y ardiente enemigo de la tiranía, que hoy por última vez (señalando al campo español)

osa profanar con sus plantas. ¡Viva la América libre!

Al Vargas

Bravos del Vargas. Vuestro nombre significa disciplina y heroísmo y

del Cauca a Corpahuaico harto habéis probado que lo merecéis. No tuve

la dicha de admiraros en Bomboná pero, aquí está el Perú y la américa

entera a aplaudiros en el mayor de los triunfos. acordaos de Colombia…

del libertador… Dadme una nueva palma que ofrecerle a ambos en la

punta de vuestras bayonetas.

¡Viva Colombia!… ¡Viva el Libertador!

Al Vencedores

Desde las orillas de apure hasta las del Apurimac habéis marchado

siempre en triunfo. el brillo de vuestras bayonetas ha conducido la libertad a todas partes y el ángel de la victoria está tejiendo en este instante las

coronas de laurel con que serán ceñidas vuestras sienes en este instante

de gloria para la patria… ¡Viva la libertad!…

A los cuerpos peruanos se dirigió enalteciendo las prendas de sus comandantes el mariscal La Mar, el intrépido Miller, el comandante Suárez,

haciéndoles presente que el 24 de mayo de 1822, algunos soldados peruanos

habían compartido con los soldados de la Gran Colombia la jornada de

Pichincha. Y luego les dijo:

el gran Simón bolívar me ha prestado hoy su rayo invencible, y la

santa libertad me asegura desde el cielo que los que hemos destrozado

solos al común enemigo, acompañados de vosotros es imposible que nos

dejemos arrancar un laurel, el número de sus hombres nada importa; somos

infinitamente más que ellos porque cada uno de vosotros representa aquí

a Dios omnipotente con su justicia y a la américa entera con la fuerza

de su derecho y de su indignación. aquí los hemos traído peruanos y

colombianos a sepultarlos juntos para siempre. este campo es su sepulcro

y sobre él nos abrazaremos hoy mismo anunciándolo al universo. Viva el

Perú libre… ¡Viva toda la américa redimida!…

¡Soldados!

De los esfuerzos de hoy, pende la suerte de la américa del Sur… otro

día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia.

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