Batalla de Ayacucho, la derrota definitiva de España en Suramérica
Batalla de Ayacucho - Obra de Martín Tovar y Tovar

Batalla de Ayacucho, la derrota definitiva de España en Suramérica

La Batalla de Ayacucho fue la última acción del Ejército Unido Libertador -o Ejército Patriota- en la llamada Campaña Libertadora del Perú.

Ocurrió el 9 de diciembre de 1824 en la pampa de Ayacucho, cerca del pueblo de Quinua, al sur del Perú.

El ejército republicano estaba liderado por el general cumanés Antonio José de Sucre, ascendido después de la victoria a Gran Mariscal de Ayacucho, en tanto que el realista estaba bajo las órdenes del virrey del Perú, José de la Serna.

Con la victoria patriota en Ayacucho se extinguió el dominio español -después de más de tres siglos de colonización- y se selló la independencia, no solo del Perú, sino de toda la América del Sur.

Ven para saber más.

Antecedentes

A pesar de que el general José de San Martín había proclamado la independencia del Perú el 28 de julio de 1821, esta no pudo materializarse porque los españoles se negaron a reconocerla, además de las pugnas intestinas del otrora poderoso Virreinato.

José de San Martín se retira de territorio peruano y Simón Bolívar es quien se encarga de trazar la estrategia para liberar el antiguo Virreinato.

Unos meses antes de Ayacucho, el 6 de agosto de 1824, ocurre la Batalla de Junín. En esta confrontación el Ejército Patriota obtiene una victoria fundamental, pues obligó a los realistas a replegarse a la ciudad de Cusco para esperar refuerzos del Alto Perú.

Bolívar se traslada hacia Lima y encomienda a Antonio José de Sucre la tarea de consumar la liberación del Perú, esta decisión obedeció a la prohibición que le hiciera el Congreso de Colombia de dirigir el Ejército Unido Libertador en aquella Campaña.

Momentos previos

El día 6 de diciembre de 1824 el Ejército Libertador -con 5.780 efectivos colombianos (venezolanos y neogranadinos), peruanos, chilenos, argentinos y hasta un contingente de voluntarios ingleses y alemanes- toma posición en la pampa de Ayacucho.

Mientras tanto, los 9.310 soldados realistas al mando de José de la Serna (virrey del Perú) se encontraban en lo alto del cerro Condorcunca.

Antonio José de Sucre organiza a los soldados en cuatro divisiones, estratégicamente colocadas:

La división Córdova, con cuatro batallones, a la derecha; la división La Mar, también con cuatro batallones, a la izquierda; la división Miller, con dos regimientos de caballería, en el centro;  y la división Lara, con tres batallones, en la retaguardia.

Entretanto, el virrey José de la Serna se encontraba en la disyuntiva de quedarse en el cerro esperando refuerzos, mientras se agotaban las provisiones y comenzaban a desertar los soldados, o bajaba a enfrentarse a Sucre en Ayacucho antes de que llegasen refuerzos patriotas desde Colombia.

Es así que el 8 de diciembre los realistas toman sus posiciones en las faldas del Condorcunca con sus cuatro divisiones conformadas por 14 batallones, caballería y más de una decena de piezas de artillería.

«Soldados, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados! ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, salvador del Perú!»

El día de la Batalla de Ayacucho

Al amanecer del 9 de diciembre los realistas inician las hostilidades en Ayacucho, bajan velozmente por la cuesta del Condorcunca y logran desestabilizar las líneas patriotas.

Para evitar la dispersión fue fundamental la arenga que dio el general patriota José María Córdova en pleno campo de batalla (con el objetivo de levantar la moral y seguir la lucha con él mismo a la vanguardia), así como la intervención oportuna de la división de retaguardia que contraatacó exitosamente.

El enfrentamiento fue feroz, al punto que los soldados realistas debieron retroceder y en la huida abandonaron varias piezas de artillería que bien aprovecharon los patriotas.

José de la Serna, viendo la situación, se mete de lleno en la batalla para incentivar a sus subordinados, fracasando en el intento. El virrey resulta herido y es capturado por los patriotas junto con parte de su estado mayor conformado por 9 brigadieres y 4 mariscales.

Ante la detención del comandante realista y virrey, el general José de Canterac (Jefe del Estado Mayor) toma su lugar y trata de seguir la batalla y reorganizar sus tropas, no obstante, los soldados realistas desertaban en masa completamente desmoralizados y llevándose por delante a los oficiales españoles.

Las divisiones patriotas se desplegaron y arremetieron contra las unidades realistas, incluyendo la caballería; finalmente, por instrucciones del general Sucre, interviene una vez más la división de retaguardia libertadora y en conjunto logran neutralizar al enemigo.

Capitulación Realista

Tras seis horas de combate, más de mil bajas, cientos de heridos y otros tantos desertores, los realistas asumen que no es posible ganar la batalla. Canterac opta por rendirse y firma la capitulación ante el general Antonio José de Sucre en el mismo campo de Ayacucho.

La capitulación establecía la rendición incondicional de los realistas y su repliegue, así como la disolución inmediata del antiguamente poderoso Virreinato del Perú.

¿Qué ocurrió después?

Se hace oficial, en el papel y en los hechos, la Independencia de la República del Perú.

El Congreso peruano, convocado extraordinariamente, reconoció al general Antonio José de Sucre con el título de Gran Mariscal de Ayacucho y Benemérito del Perú en grado eminente, por la brillante y victoriosa conducción del Ejército Libertador.

El 25 de febrero de 1825, el Ejército Libertador hace su entrada triunfal en el Alto Perú para darle paso al nacimiento de Bolivia como nueva República, esto se concretaría el 6 de agosto de 1825 y Sucre sería su primer presidente.

Finalmente, tras varios siglos de dominio y con la liberación absoluta de las ex-colonias convertidas en repúblicas independientes, el imperio español en decadencia fue expulsado de América del Sur.

En el marco del primer aniversario de la gesta de Ayacucho, la Municipalidad de Lima entregó dos espadas fundidas en oro y adornadas con diamantes y otras piedras preciosas. Una espada para Simón Bolívar (que se conserva en Venezuela) y otra para Antonio José de Sucre, esta última fue robada al Gran Mariscal luego de su asesinato en Berruecos, le quitaron su valiosa vaina y empuñadura, solo la hoja se conserva en Ecuador.

«El general Sucre es el padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol: es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por su espada.»

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