José Gregorio Hernández, Hombre de Ciencia y de Dios
Doctor José Gregorio Hernández

José Gregorio Hernández, Hombre de Ciencia y de Dios

La mayoría de los venezolanos reconocemos de inmediato la imagen del Doctor José Gregorio Hernández, con su bigote característico, vestido con traje negro (a veces con bata blanca) y sombrero. Sin duda alguna, e independientemente de nuestras creencias, es un icono histórico, cultural y religioso de nuestro país.

José Gregorio destacó, no solo por su fama de hombre “santo” con una acentuada fe religiosa y por la solidaridad y generosidad con que atendía a sus pacientes más pobres en cada consulta (demostrando una gran vocación de servicio al prójimo), sino que también realizó importantes aportes para el avance de las ciencias médicas en Venezuela en las primeras dos décadas del siglo XX.

Ven para saber más sobre José Gregorio Hernández, Médico y Beato venezolano.

Nacimiento y niñez de José Gregorio

José Gregorio Hernandéz Cisneros nació en Isnotú, un pueblito del estado Trujillo en Los Andes venezolanos, el 26 de octubre de 1864. Hijo mayor del matrimonio conformado por Josefa Antonia Cisneros Mansilla y Benigno María Hernández Manzaneda.

Tuvo como hermanos a María Isolina del Carmen, María Sofía, César Benigno, José Benjamín Benigno y Josefa Antonia.

Su madre era ama de casa, es decir, se dedicaba a las “labores del hogar”, y era una mujer con una profunda fe religiosa. Su padre era comerciante, dueño de una bodega en Isnotú.

José Gregorio queda huérfano de madre a los 8 años.

Educación

Primaria

José Gregorio Hernández recibe su educación primaria en una escuela particular de su pueblo.

Secundaria

A los 13 años se traslada a Caracas a seguir estudios de Bachillerato en el Colegio Villegas, donde se gradúa a los 17 años -y con excelentes calificaciones- como Bachiller en Filosofía en 1884.

Universitaria

José Gregorio ingresa a la Universidad Central de Venezuela para estudiar Medicina, originalmente su intención era ser abogado, pero su familia lo convenció para que fuera Médico.

El 29 de junio de 1888 se gradúa, después de presentar sendas ponencias ante un jurado. Los temas de dichas exposiciones fueron La doctrina de Laennec y La fiebre tifoidea típica de presentarse en Caracas, es solo excepcionalmente. Ambos tópicos relacionados con el campo al que dedicará más investigaciones, como pionero en el país: la Bacteriología.

Ya con el título de Médico en sus manos, Hernández decide regresar a Isnotú, para ejercer su profesión en Los Andes venezolanos.

Especializaciones

El Dr. Hernández no ejerció por mucho tiempo en tierras andinas, en 1889 es llamado a Caracas por uno de sus profesores, Calixto González, quien lo recomendó al presidente de entonces, Juan Pablo Rojas Paúl, por su brillante desempeño académico y conducta ejemplar, para que fuera beneficiario de una beca de estudios de especialización en Europa.

Así pues, José Gregorio Hernández, con una asignación mensual de Bs. 600, se embarca hacia Francia, país epicentro de importantes avances en la ciencia médica de aquel tiempo. Allí se especializó durante dos años en Microscopía, en los laboratorios de Charles Robert Richet, y también profundizó sus conocimientos en Histología, Patología, Fisiología Experimental y Bacteriología en la Escuela de Medicina de París junto a eminentes médicos como Mathias Duval e Isidor Strauss.

Por instrucción del gobierno venezolano, José Gregorio Hernández adquirió en Francia equipos de laboratorio de la más avanzada tecnología de la época para dotar al Hospital José María Vargas, así como libros de medicina actualizados que pudieran ser consultados por los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela.

Concluidos sus estudios en París, Hernández solicita permiso para viajar a Berlín a realizar otros cursos de bacteriología, Histología y Patología.

Regresa a Venezuela en 1891 y el nuevo presidente, Raimundo Andueza Palacios, ordena la creación de nuevas cátedras en la escuela de Medicina de la UCV, en función de los estudios de especialización del Doctor Hernández. De tal manera que José Gregorio sería el primer profesor y director de dichas asignaturas en el país, cargos para los que sería juramentado por el entonces rector Elías Rodríguez.

Entre 1915 y 1917 hizo otros estudios de actualización de conocimientos en Francia, España y Estados Unidos

El Doctor José Gregorio Hernández además era políglota y dominaba seis idiomas: inglés, alemán, francés, italiano, portugués y latín.

José Gregorio, el Médico de los Pobres

José Gregorio Hernández era conocido por atender con especial dedicación y humildad a todos sus pacientes, los que acudían cada mediodía a su consultorio particular (ubicado en su propia casa) y los que visitaba personalmente. Hasta el presente se han recolectado más de 7000 récipes firmados por él.

A los enfermos más pobres los atendía gratis, sin cobrarles honorarios, y en muchos casos era él mismo quien se dirigía, receta en mano, a las farmacias o boticas y compraba con su dinero los medicamentos necesarios para sus tratamientos.

Todas aquellas acciones solidarias eran parte de lo que consideraba su misión o apostolado cristiano, aparte de su vocación como Médico.

José Gregorio también tuvo una destacada labor durante la pandemia de 1918 (llamada “Gripe Española”).

Récipe firmado por el Dr. Hernández

Hombre de Ciencia

José Gregorio Hernández no solo era un médico solidario con sus pacientes más pobres y con una gran devoción religiosa, también se destacó por sus contribuciones a la ciencia como investigador y por su labor docente que influyó en la modernización de los estudios de Medicina y la práctica médica en el país.

Hernández fue autor de una decena de artículos científicos, entre ellos su famoso tratado Elementos de Bacteriología (1906), el primer trabajo de esta área publicado en Venezuela.

Fue profesor de la Universidad Central de Venezuela en las cátedras de Histología, Patología, Fisiología Experimental y pionero en la asignatura de Bacteriología. A partir de 1891, José Gregorio fue uno de los primeros profesores que basó sus cátedras en lecciones explicativas, observación, sistematización de experimentos y prácticas de vivisección. 

Afirman que fue el primero en enseñar a sus estudiantes la correcta toma de la tensión arterial en 1918.

De igual manera, fue Director del Laboratorio Nacional, del Hospital Vargas y Miembro Fundador de la Academia Nacional de Medicina. Asimismo, se le atribuye la introducción del microscopio y otros instrumentos de estudio y auscultación.

Hernández también escribió crónicas, cuentos, artículos y ensayos literarios que fueron publicados en la reconocida revista cultural de la época, El Cojo Ilustrado, entre estos textos se encontraban: En un vagón, una disertación sobre el libre albedrío; Los Maitines, una crónica en la que alude a su paso por el Monasterio de La Cartuja, y el cuento Visión de arte.

Contradicción entre Ciencia y Fe

Contradictoriamente, José Gregorio Hernández llegó a tener confrontaciones con otros colegas, entre ellos Luis Razetti, por su fe religiosa; Hernández sostenía la tesis bíblica del Creacionismo contra la Teoría de la Evolución, es decir, afirmaba que Dios había creado a los seres humanos “a su imagen y semejanza”. No obstante, en 1912 publicó un libro (Elementos de Filosofía) en el que manifestaba su visión del mundo de forma reflexiva, allí insistió en la supuesta creación del Hombre “por obra de Dios”, pero que “posteriormente evolucionó”.

Hombre de Fe

Sabemos que el Doctor José Gregorio Hernández era un hombre sumamente religioso, un católico convencido. Así que a los 45 años, no conforme con el reconocimiento médico y científico ni con el de todos los pacientes pobres que ayudaba desinteresadamente, decide marcharse para abrazar el sacerdocio.

En 1908 viaja a Italia e ingresa como “postulante” en el Monasterio de la Orden de San Bruno, en la Cartuja de Farneta. Lugar que debió dejar unos meses después, en abril de 1909, al contraer una enfermedad respiratoria y no soportar los rigores de la preparación sacerdotal.

En 1909, ya de vuelta en Caracas, retoma sus actividades docentes y solicita ingreso en el Seminario Santa Rosa de Lima. 

En 1913 hace un nuevo intento para seguir su fervor católico y convertirse en sacerdote, renuncia al ejercicio de la medicina, a su labor docente, e incluso presentó su renuncia a la membresía en la Academia Nacional de Medicina (que no fue aceptada).

José Gregorio vuelve a Italia y es admitido en el Pontificio Colegio Pío Latinoamericano, en Roma, pero allí correría la misma suerte de unos años atrás con los Cartujos. No logró convertirse en cura, aparentemente sentía la inclinación sacerdotal, pero no poseía verdadera vocación para ello.

Vuelve una vez más a Caracas y decide hacer votos de “franciscano seglar” en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced de los Frailes Capuchinos, en esta época comienza a vestirse con traje oscuro y sombrero “fedora” o “bombín”.

Un accidente fatal

José Gregorio Hernández fallece a consecuencia de un lamentable accidente, el 29 de junio de 1919. Tenía 54 años.

Durante mucho tiempo se dijo que a José Gregorio Hernández lo había atropellado “el único automóvil” que circulaba en Caracas en ese año; tal afirmación era y es completamente falsa, en 1919 ya circulaban varios centenares de carros en Caracas. El vehículo Essex conducido por Fernando Bustamente a 30 km por hora era uno de tantos que transitaban en la capital.

Existen diferentes versiones sobre lo ocurrido ese día, unos dicen que fue embestido y atropellado por distracción de Bustamante, otros dicen que no se trató de un arrollamiento, sino de un desafortunado descuido del médico, quien -apurado- cruzó la calle sin precaución, tropezó cuando trató de esquivar el carro que se aproximaba y al caer su cabeza golpeó con el borde de la acera. Ese golpe en la cabeza fue lo que le produjo la muerte casi instantánea.

Al parecer, el Doctor Hernández acababa de salir de la farmacia para llevarle medicamentos a una paciente de avanzada edad. El hecho ocurrió entre las esquinas caraqueñas de Amadores y Cardones en el sector La Pastora.

Fernando Bustamante, el conductor, llevó inmediatamente al malherido Médico al Hospital Vargas pero allí fue declarado muerto y su colega Luis Razetti firma el acta de defunción, certificando que la causa de la muerte fue por fractura de cráneo.

El cuerpo de José Gregorio fue trasladado hasta la casa de sus hermanos César Benigno y Sofía. Al día siguiente, lo llevan hasta el paraninfo de la Universidad Central, donde sus estudiantes y una gran multitud le rindieron homenaje.

Fue enterrado en el Cementerio General del Sur hasta el año 1975, cuando lo exhumaron por exigencia del Vaticano para verificar el grado de conservación del cuerpo. Después de esto se dispuso llevar los restos hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, donde reposan hasta nuestros días.

Muere José Gregorio y nace la devoción

La muerte de José Gregorio Hernández causó conmoción entre los caraqueños, especialmente entre los más humildes, que desde entonces empezaron a encomendar la curación de sus enfermos al “Médico de los Pobres”, atribuyéndole muchas recuperaciones milagrosas..

Con el pasar de los años y la creciente fama milagrosa de José Gregorio Hernández, la veneración traspasó los límites de Caracas para multiplicarse por todo el país, aparecieron entonces las estampitas y las figuras de yeso en los altares improvisados de los devotos venezolanos.

Como dato curioso, cuentan que José Gregorio hizo una promesa en sus últimos años y esta fue dar su vida a cambio del fin de la Primera Guerra Mundial. Coincidencialmente, la muerte del hoy beato de la iglesia católica se produjo un día después de la firma del Tratado de Versalles que puso punto final a aquel conflicto global.

En su honor fue erigido un santuario en su pueblo natal, Isnotú, donde cientos de devotos acuden a pedir por sus familiares enfermos, “pagar promesas” y agradecer al Médico de los Pobres.

La casa del Doctor  Hernández  en La Pastora (Caracas) hoy en día es la Casa Museo José Gregorio Hernández.

Carrera a la Santidad

En 1949, 30 años después de su fallecimiento, el arzobispo de Caracas, Monseñor Lucas Guillermo Castillo, presenta por primera vez ante el Vaticano la petición para que José Gregorio Hernández fuera santificado.

En 1972 fue nombrado Siervo de Dios.

El 16 de enero de 1986, el Papa Juan Pablo II lo declaró Venerable, en reconocimiento a sus virtudes cristianas.

El 18 de junio de 2020, el Papa Francisco aprobó oficialmente el milagro requerido por la causa de José Gregorio para convertirlo en Beato. Se trató del caso de la niña Yaxuri Solórzano Ortega, quien fue víctima de un asalto en un pueblo del estado Guárico junto a su papá y recibió un disparo en la cabeza que la dejó al borde de la muerte. El pronóstico médico no era favorable y si la niña se salvaba podía quedar con secuelas permanentes y discapacitada.

La madre de Yaxuri afirmó que le pidió a José Gregorio Hernández para que salvara a su hija, la niña se recuperó “milagrosamente” y sin secuela alguna.

El 30 de abril de 2021 José Gregorio fue declarado Beato por el Papa Francisco. El Sumo Pontífice no estuvo personalmente en el acto de beatificación celebrado en Caracas, pero a través de un video describió al nuevo beato venezolano como “un modelo de santidad comprometida con la defensa de la vida”.

Desde el momento de su beatificación, la Iglesia Católica autoriza (o formaliza, en este caso) su veneración pública en el territorio nacional.

El último paso es la canonización y para que José Gregorio Hernández sea declarado Santo, es necesario que el Vaticano apruebe un segundo milagro, debidamente sustentado y demostrado.

¿Conocías estos aspectos de la vida y obra de José Gregorio Hernández?

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