Matea, la esclava que cuidó al Libertador
Matea Bolivar (Dibujo de Alberto Urdaneta. Plumilla sobre papel-1883)

Matea, la esclava que cuidó al Libertador

Matea Bolívar, “La Negra” Matea, fue una de las esclavas de la familia Bolívar Palacios, encargada de acompañar a “La Negra” Hipólita en las labores de cuidado y crianza del entonces niño Simón Bolívar, futuro Libertador de 5 naciones americanas.

¿Conoces la historia de esta mujer tan importante en la vida de nuestro héroe?

Ven para saber más sobre su interesante vida.

Matea y los Bolívar

“La Negra” Matea nació en el Hato El Totumo, propiedad de Juan Vicente Bolívar y Ponte,  en San José de Tiznados (hoy estado Guárico), el 21 de septiembre de 1773.

Como hija y nieta de esclavos heredó esta condición -amén del apellido de sus “amos”- y desde niña se convirtió en esclava y acompañante de María de la Concepción Palacios y Blanco -madre del Libertador-.

Al nacer el niño Simón Bolívar, Matea se encargaría de ayudar a Hipólita, nodriza principal de este, en el cuidado y atenciones a Simón; labores por las cuales Bolívar las recordaría siempre con inmenso afecto.

Esto lo confirmaba la misma Matea, en una entrevista que le hicieron en 1883:

  “A mi niño (Bolívar) lo crió Hipólita, y yo lo alzaba y jugaba con él”, alegaba también Matea que durante su juventud Bolívar era “respondón y rebelde”.

La crianza del niño Simón Bolívar

Matea era apenas 10 años mayor que Bolívar, por lo que se encargó de cuidarlo cuando se encontraba entre la niñez y la adolescencia; dicen que fue ella quien llevó en brazos al bebé Simón Bolívar durante su bautizo.

La historiadora Antonia Esteller Camacho Clemente y Bolívar, (sobrina-bisnieta de Simón Bolívar), escribió una biografía sobre la Negra Matea en la que encontramos lo siguiente: “Matea sabía coser, bordar y planchar a la perfección. Si la bella y joven esposa de don Juan Vicente de Bolívar, tenía que asistir a algún baile, era siempre su esclava favorita, quien la ayudaba en su tocado que siempre resultaba de exquisito gusto”. Al parecer, Matea también preparaba postres deliciosos y en general cocinaba muy bien.

Matea, al igual que Hipólita, consentía mucho al niño Simón, dicen que siempre tenía las frutas preferidas del pequeño a su disposición sobre la mesa: nísperos y granadas. También solía llevarlo al patio a escuchar historias y compartir con los demás esclavos.

Es sabido que cuando mueren los padres del Libertador, primero Juan Vicente y luego María de la Concepción, ella e Hipólita fueron quienes arroparon al niño en su orfandad y él retribuía ese amor llamándolas “Mamá”.

En el momento en que Carlos Palacios y Blanco asume la tutoría de su sobrino Simón, decide vender a Matea al dueño de un hato cercano a la Hacienda San Mateo. No obstante, la amada niñera de Simón Bolívar sería recuperada por su esposa, María Teresa del Toro y Alayza, cuando la pareja llega al país en 1802.

Matea, testigo de la historia

En 1803 Bolívar sufre el duro golpe de la muerte de su esposa y parte nuevamente a Europa, en tanto que Matea pasa a convertirse en esclava de María Antonia Bolívar, la hermana mayor de Simón y con quien permanecerá durante muchos años entre Caracas, San Mateo y el exilio.

Es justamente en San Mateo donde “la Negra” Matea vivió en primera persona la incursión de José Tomás Boves y su tropa a los predios de la hacienda de los Bolívar (Batalla de San Mateo), esto ocurrió en 1814. Hecho en el que se inmoló el Capitán Patriota Antonio Ricaurte, incendiando el polvorín y evitando que Boves se apoderase del parque de armas y de la hacienda.

Ante la amenaza de Boves y la emigración masiva que provocó su avance a la ciudad de Caracas, María Antonia Bolívar zarpa a Cuba, donde vivirá en calidad de exiliada -con la compañía de la Negra Matea– hasta 1821. En ese mismo año, después de la victoria de Carabobo, Simón Bolívar le concede la libertad a todos sus esclavos, sin embargo, Matea seguirá viviendo con María Antonia.

“La Negra” Matea fue testigo de excepción en varios eventos históricos, desde el mismo nacimiento de Simón Bolívar. Después de la muerte de su querido Simón, en 1842, hizo acto de presencia cuando fueron recibidos los restos del Libertador provenientes de Colombia.

Matea también presenció la llamada “apoteosis” del Padre de la Patria el 28 de octubre de 1876. Día en que se trasladó el sarcófago con sus restos mortales desde la Catedral de Caracas hasta el Panteón Nacional.

En esa oportunidad y con 103 años ella caminó todo el trayecto del cortejo fúnebre hasta el Panteón, donde entró del brazo del entonces presidente Antonio Guzmán Blanco, aclamada por el pueblo caraqueño.

Una vida longeva y Simón en su memoria

En 1883 y ya con 110 años, Matea concede una entrevista al periodista colombiano Manuel Briceño -del medio bogotano Papel Periódico Ilustrado– con motivo del centenario del nacimiento del Libertador. Allí relató sus vivencias con la familia Bolívar y durante la guerra de Independencia; junto a Briceño se encontraba Alberto Urdaneta, artista que realizaría el único retrato conocido de Matea.

Matea Bolívar, “La Negra” Matea, tuvo una larga e interesante vida, falleció en Caracas, a los 112 años, el 29 de marzo de 1886, recordando a su “niño Simón” hasta el último momento.

Su funeral fue encabezado por el presidente Joaquín Crespo y asistieron las más altas personalidades del país; fue enterrada en el Cementerio General del Sur.

Años después sería trasladada a la cripta familiar de los Bolívar en la Capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas.

En 2017 los “restos simbólicos” de Matea, junto con los de Hipólita, fueron elevados al Panteón Nacional.

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