Los grandes amores del Libertador Simón Bolívar
Matrimonio de Simón Bolívar y María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza (Detalle del cuadro de Tito Salas - 1921)

Los grandes amores del Libertador Simón Bolívar

Mucho se ha escrito sobre los múltiples amoríos que tuvo el Libertador Simón Bolívar a lo largo de su vida, algunos confirmados y otros inventados; sin embargo, los más grandes amores de Bolívar, los que trascendieron, marcaron su vida y se inmortalizaron, serían dos: María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, su primer amor y única esposa, y Manuela Sáenz, su amada Libertadora.

Ven para saber más sobre las historias de amor de Simón Bolívar

María Teresa, su primer amor y única esposa

Durante el primer viaje de Simón Bolívar a Europa y mientras se encontraba en Madrid, en 1800, el joven caraqueño conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza en la casa de su tutor, el Marqués de Ustáriz. María Teresa era una aristócrata española hija del también caraqueño Bernardo Rodríguez del Toro y Ascanio y la vallisoletana Benita de Alayza y Medrano.

María Teresa era dos años mayor que Simón, pero eso no fue impedimento para que surgiera el amor entre ambos.

Simón, profundamente enamorado le pidió a María Teresa que fuera su novia, pero Don Bernardo -el padre de María Teresa- le recomendó esperar al menos hasta cumplir los 18 años de edad y que conociera un poco más de mundo antes de dar el paso formal.

Es así que Bolívar estuvo un tiempo en Bilbao y después en París, al regresar a España, le propone matrimonio a María Teresa el 5 de abril de 1802 y a su futuro suegro no le queda más alternativa que aceptar el compromiso.

Los novios celebraron su enlace matrimonial el 26 de mayo de 1802, en la madrileña Iglesia Parroquial de San José, previo consentimiento real y dispensadas las amonestaciones nupciales.

Poco tiempo después, el 15 de junio de 1802 se embarcaron hacia Caracas en el puerto de La Coruña, arribaron al puerto de La Guaira el 12 de julio del mismo año.

Estuvieron una temporada en Caracas y luego fueron a la casa familiar de los Bolívar en la Hacienda de San Mateo, allí María Teresa enfermaría de “fiebres malignas” (fiebre amarilla o paludismo), deciden volver a Caracas a la llamada “Casa del Vínculo”, pero desafortunadamente la joven esposa murió el 22 de enero de 1803 y fue sepultada en la capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas, junto a los padres de Simón.

Un golpe devastador para Simón Bolívar, apenas ocho meses después de su matrimonio, por lo que juró no volver a casarse jamás.

«Quise mucho a mi mujer y su muerte me hizo jurar no volver a casarme» «La muerte de mi mujer me puso muy temprano en el camino de la política y me hizo seguir el camino de Marte en lugar de seguir el arado de Ceres. Si no hubiera enviudado, quizás mi vida hubiera sido otra; no sería el general Bolívar ni el Libertador, aunque convengo en que mi genio no era para ser Alcalde de San Mateo»

Manuela, la Libertadora del Libertador

Simón Bolívar conoce a Manuela Sáenz el 16 de junio de 1822, justo el día en que El Libertador hacía su entrada triunfal en Quito -luego de la victoria en la Batalla de Pichincha- y Manuela le arrojaba torpemente una corona de rosas y laureles para homenajearlo.

Así describió Manuela aquel encuentro en su diario:

«Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tomé la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S. E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S. E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano»

Esa misma noche El Libertador y Manuela Sáenz fueron presentados formalmente  en el baile que se organizó en honor al general Bolívar y a partir de esa noche comenzó un apasionado romance que solo terminaría con la muerte del héroe caraqueño; todo esto pese a que para ese momento Manuela estaba casada con el inglés James Thorne.

Valga decir que en el entreacto y mientras duró su relación de “concubinato”, El Libertador tendría unos cuantas aventuras con otras mujeres, lo que le ocasionó más de una pelea con la quiteña Sáenz.

Manuela, aparte de pareja de Simón Bolívar, fue leal militante de la causa patriota, así como seguidora y defensora de las ideas bolivarianas, incluso por su desempeño en el campo de batalla llegó a ser ascendida a Coronela del Ejército Libertador.

El amor de Manuela Sáenz por Bolívar fue tal que llegó al punto de salvarle la vida de una muerte segura durante la llamada “Conspiración Septembrina” del 25 de septiembre de 1828, atentado que organizaron Francisco de Paula Santander y otros enemigos de Bolívar para asesinarlo mientras dormía en el Palacio de San Carlos, en Bogotá.

Esa noche, entre el caos y la violencia que pudo detectar, Manuela alertó a Bolívar y entretuvo a los conjurados mientras su amado lograba escapar saltando por una ventana de la habitación. Después del suceso, Bolívar le daría el título de “Libertadora del Libertador”.

Entre una conspiración y otra, agotado y decepcionado por las traiciones, en un clima de absoluta ingobernabilidad, Simón Bolívar se ve obligado a renunciar a la presidencia de [la Gran] Colombia el 20 de enero de 1830 y le solicita prudencia y “mucho juicio” a Manuela en correspondencia del 11 de mayo de ese año.

En diciembre de 1830 y enterada del delicado estado de salud de Bolívar, Manuela se dirige a Santa Marta para atenderlo; cuando se encontraba en la localidad de Guaduas, recibe una carta de Luis Perú de Lacroix (edecán del Libertador) en la que le informaba lo siguiente:

«Permítame usted, mi respetada señora, llorar con usted la pérdida inmensa que ya habremos hecho, y que habrá sufrido toda la república, y prepárese usted a recibir la última fatal noticia»

Manuela después de Bolívar

La Libertadora del Libertador quiso permanecer en Colombia y luchar por preservar y reivindicar el legado y la causa de su querido Simón, pero Francisco de Paula Santander, quien había asumido la presidencia de Colombia una vez separada de Venezuela, decreta su destierro el 1 de enero de 1834.

Sáenz se embarca hacia la isla de Jamaica desde donde pretendió volver a Ecuador con un salvoconducto del entonces presidente Juan José Flores, cuando se encontraba en Guayaquil en octubre de 1835, es notificada acerca de la prohibición de su estadía en tierras ecuatorianas por el nuevo presidente Vicente Rocafuerte. Decide entonces dirigirse a Perú, donde finalmente logra establecer residencia en el puerto de Paita.

En la más absoluta pobreza y sin movilidad en sus piernas, Manuela Sáenz, el último gran amor del Libertador,  muere víctima de una epidemia de difteria el 23 de noviembre de 1856. Sus restos fueron enterrado en una fosa común y sus pertenencias -incluidas las cartas y otros papeles que atesoraba de su adorado Simón- fueron quemadas; afortunadamente muchas otras cartas quedaron bajo resguardo como prueba fehaciente del intenso intercambio epistolar que tuvieron, así como de su gran amor.

Otros romances del Libertador

Sobre los demás romances, confirmados por estudiosos de la vida del Libertador como Vicente Lecuna (quien se encargó de organizar su archivo de cartas, proclamas y documentos varios), podemos mencionar a Fanny Du Villars, esposa del Conde y Coronel Du Villars, aparte de presunta pariente lejana de Bolívar, con quien tuvo una breve pero apasionada relación durante su estancia en París después de enviudar.

Se dice que la bella Fanny lo ayudó a sobrellevar el duelo por la pérdida de su esposa y lo recondujo por el camino del estudio y la formación intelectual, alejándolo del vicio del juego y otros placeres hasta que el joven Bolívar decide regresar a Venezuela.

Otras mujeres amadas por Bolívar fueron Josefina “Pepita” Machado, a quien conoció en Caracas en 1813, luego de su exitosa Campaña Admirable y tras su entrada triunfal en la capital, donde recibiría posteriormente el título de Libertador; “Pepita” lo acompañó de forma intermitente hasta que enfermó de tuberculosis y murió en 1820.

Por otra parte encontramos a las hermanas neogranadinas Nicolasa y Bernardina Ibáñez, apodada esta última “La Melindrosa”; además de Benedicta Nadal, oriunda de Chuquisaca, con quien estuvo fugazmente en 1825 en La Paz.

Finalmente, encontramos a la cusqueña Francisca “Panchita” Zubiaga  y Bernales (esposa de Agustín Gamarra, a quien acompañó en la presidencia del Perú entre 1829 y  1833).

Mujer destacada de la historia peruana, existe la anécdota de que Zubiaga fue una de las mujeres patriotas que recibió a Bolívar en Cusco, para homenajearlo le hizo una corona de oro, perlas y diamantes, coloca la corona sobre la cabeza del héroe, pero este decide quitársela y ponérsela a ella, conocedor de su valiosa contribución a la lucha por la independencia.

También te puede interesar

Descubre todo lo que traemos para ti en nuestro blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad